El Mercado Sagarminaga, uno de los comercios con más solera de los barrios de Bolueta y Santutxu en Bilbao, echará el cierre definitivo a finales de julio tras 40 años de actividad. Un espacio de 900 metros cuadrados que llegó a albergar 28 puestos en sus mejores tiempos y que ahora se despide con solo tres comerciantes en activo: la frutería de Emilio Alfonso, la pescadería de Juanan González y el puesto de congelados de Maika y Alfonso.
La jubilación de dos de sus propietarios y una reciente oferta de compra han precipitado un cierre que se ha gestado en apenas mes y medio, según confirman los comerciantes. El recinto ha sido adquirido por un comprador que prevé construir garajes y trasteros en el espacio que durante cuatro décadas ocupó el mercado.
Cuatro décadas de trato cercano y consejos
Emilio Alfonso, comerciante de cuarta generación, ha regentado su frutería desde el primer día que abrió el mercado, en la primera quincena de febrero de 1986. «Cuando abrimos había un montón de gente. Durante la segunda quincena de febrero estuve regalando dos kilos de manzanas a cada clienta. Igual me fundí 4.000 kilos de manzanas de regalo», rememora Alfonso, que se jubila esta misma semana.
El mercado inauguró con gran despliegue promocional, incluyendo el sorteo de un Seat Panda rojo que se llevó una vecina del barrio. El éxito fue inmediato, con una gran afluencia de público y los puestos repletos de gente comprando. Los niños de la zona jugaban por los pasillos como si se tratara de un enorme laberinto, sobre todo los días de lluvia.
Juanan González, pescadero de tercera generación, llegó al Sagarminaga en 1995. «Cuando llegué estaba todo abierto. Teníamos una pastelería, un bar, una bodeguilla, una panadería, una tienda de queso, tres charcuterías… Había de todo. En total 28 puestos», explica González, que destaca el trato cercano como gran valor del pequeño comercio. «Todavía tengo mucha complicidad con las clientas. Buscas el punto y se ríen. Eso no lo cobramos», bromea.
Alfonso también ha hecho gala de sus conocimientos durante estas cuatro décadas. «Yo doy a oler el melocotón. ¿Cuánto hace que la gente no huele un melocotón? Esa es la forma de ganarte un cliente», asegura. El frutero no ha parado de dar consejos sobre cómo cocinar verduras y hortalizas para que no pierdan propiedades.
Falta de relevo generacional
Aunque las ventas seguían funcionando y los negocios eran rentables, el número de puestos fue disminuyendo con el paso de los años. La pandemia de 2020 supuso un inesperado balón de oxígeno para el pequeño comercio de barrio. «La gente no podía salir y se quedaba a comprar en los barrios. Se notó un montón», relata Alfonso.
Sin embargo, las jubilaciones de quienes abrieron hace cuatro décadas mermaron la presencia de mostradores abiertos. Tras retirarse Santos, el charcutero, en enero de 2025, solo quedaban tres puestos operativos. «¿Qué es lo que ha pasado? Falta de relevo generacional», apunta sin rodeos González. «La gente joven de ahora no quiere trabajar en estas cosas porque son trabajos sacrificados. El frutero y yo nos levantamos a las cuatro de la mañana para ir a Mercabilbao».
Adiós con lágrimas y agradecimiento
Estos días los comerciantes atienden a sus últimos clientes, que se despiden con pena y palabras de agradecimiento. Los más habituales, a quienes no les gusta el autoservicio y prefieren que les sirvan el producto y les aconsejen, se preguntan dónde irán a comprar ahora. Hay gente a la que se le llenan los ojos de lágrimas al recordar que acudía allí con sus abuelas o con algún familiar que ya no está.
Emilio Alfonso se marcha con la satisfacción de todo lo vivido y ya piensa en cómo va a entretenerse en su caserío. Juanan González, por su parte, seguirá despachando género a partir de septiembre en su nueva ubicación del Mercado Santutxu. «Se me va a hacer muy raro no ver todo esto. Una vez que me vaya prefiero no volver a pasar por aquí porque me va a dar mucha pena», confiesa el pescadero, que será el último en marcharse y el que baje la persiana por última vez.
Su ausencia se notará en un barrio en el que poco a poco van desapareciendo los tradicionales comercios de toda la vida y en el que cada vez hay más lonjas vacías.
Fuente: El Correo · Esta información ha sido elaborada por la redacción de El Puente Las Arenas con apoyo de herramientas editoriales automatizadas.

