Menores siguen saltando desde el puente de Plentzia pese a la prohibición municipal

El puente de Plentzia se ha convertido de nuevo este verano en un improvisado trampolín para adolescentes que, pese a la prohibición municipal, se lanzan a la ría desde alturas de hasta 18 metros. Los jóvenes trepan por la barandilla del puente de 117 metros de largo y saltan al agua, mientras decenas de personas pasean por la zona.

Los más temerarios incluso escalan hasta el arco metálico superior, situado a casi 18 metros por encima del tablero, para saltar desde una altura todavía mayor. Esta práctica está expresamente prohibida por el Ayuntamiento de Plentzia.

El Consistorio refuerza la señalización sobre el riesgo

El alcalde de Plentzia, Aitor Garagarza (EH Bildu), ha confirmado que estos actos «no están permitidos» y ha recordado que el Consistorio ha reforzado la información dirigida tanto a vecinos como a visitantes. Además de la señalización que prohíbe expresamente el baño y los saltos desde el puente, en los últimos días se ha colocado un nuevo panel explicativo sobre el comportamiento de las mareas.

Según los carteles informativos, durante la pleamar el agua puede alcanzar entre cuatro y cinco metros de profundidad, mientras que en bajamar desciende hasta menos de un metro en algunos puntos, lo que multiplica el riesgo de impactar contra el fondo. Durante la temporada estival, además, es habitual el tránsito de embarcaciones que navegan hacia el puerto, así como la presencia de personas practicando kayak o paddle surf y barcos fondeados.

Vecinos alertan de la dificultad para frenar la práctica

La escena ha regresado este verano después de un tiempo sin repetirse con tanta frecuencia. «Hace mucho que no lo veíamos», comenta María, una vecina que observa lo que ocurre desde una de las terrazas cercanas. El recuerdo de accidentes anteriores sigue presente en la localidad. «El año pasado llevaron a un chaval bastante jodido porque se dio un golpe», señala José Gurea, quien regenta el bar Gurea, ubicado justo frente a la estructura.

Los residentes llevan años contemplando esta situación y reconocen que, pese a las campañas informativas, resulta complicado convencer a los jóvenes. «Sabemos el riesgo que hay. Incluso las propias madres les decimos a los chicos que no lo hagan», explica María. Otro de los testimonios apunta a que muchos adolescentes creen controlar la situación simplemente fijándose en el nivel del agua, sin tener en cuenta los obstáculos sumergidos.

José Gurea asegura que la Policía Local mantiene una vigilancia constante durante estos meses, aunque reconoce que resulta difícil sorprender a los jóvenes en el momento preciso. «En cuanto aparecen, los chavales salen corriendo y, cuando se van, vuelven otra vez», explica. De esta manera, la ciudadanía reconoce que desde la Administración «se ha advertido mediante la instalación de carteles», pero admiten que resulta «insuficiente» y es imposible mantener un control permanente.

Por esta razón, los vecinos apelan al civismo y a la responsabilidad de las familias para evitar que se repitan estas prácticas peligrosas, teniendo en cuenta que la playa se encuentra a pocos metros de distancia del puente.

Fuente: El Correo · Esta información ha sido elaborada por la redacción de El Puente Las Arenas con apoyo de herramientas editoriales automatizadas.

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