La tradicional explosión turística de la Semana Grande de Donostia ha dejado de ser un fenómeno tan marcado en el sector hostelero de la capital guipuzcoana. Así lo confirma Lourdes Rekondo, propietaria del reconocido restaurante y bodega familiar situado en la subida al Monte Igeldo, quien afirma que el turismo constante a lo largo del año ha diluido las diferencias entre las fiestas de agosto y cualquier otra semana.
«Antiguamente, en verano, Semana Grande era un fenómeno. Marcaba mucho la diferencia con respecto a las demás semanas. Ahora, como el turismo está los 365 días al año, tengo mucho trabajo. Entonces, no hay tanta diferencia», explica Rekondo, criada en el caserío familiar convertido en restaurante en 1964.
Un cambio de modelo turístico
Según recoge Diario Vasco en una entrevista con la hostelera, el modelo turístico de San Sebastián ha experimentado una transformación profunda. Si bien reconoce que durante estos días recibe más llamadas y reservas, el volumen de trabajo no varía sustancialmente respecto a otras semanas del año. «No puedo abarcar más. Mi plan diario no varía. Lo único es que quizás tienes más demandas», señala.
Lo que sí percibe Rekondo es un cambio en el ambiente: «Un espíritu más festivo, porque la gente está de vacaciones». Pese a ello, la capacidad del restaurante permanece constante, lo que obliga a gestionar con mayor cuidado las peticiones de última hora sin poder ampliar el número de mesas.
Tradición taurina y recuerdos festivos
Para Lourdes Rekondo, la Semana Grande está marcada por una tradición familiar: los toros. «En el restaurante somos muy taurinos. Poder ir a los toros, el ambiente que trae un torero, un ganadero, marca la diferencia, en mi caso», confiesa. Asiste al menos una vez a la plaza durante las fiestas, normalmente el último día.
Entre sus recuerdos de juventud destaca la mítica fiesta en Bataplán, en la víspera de la Virgen, que sigue celebrándose año tras año. «A los 18 años, era tu primera fiesta. Y luego ya vas una vez, vas dos, y dices: ‘Bueno, pues tampoco era para tanto’», recuerda con una sonrisa.
Champán, tinto y descanso limitado
En cuanto a maridajes festivos, Rekondo se declara «champanera y festivalera», sin decantarse por una marca concreta. «Depende del momento. Si quieres uno fresquito, pues tienes un Delamotte, si quieres uno para acompañar las comidas, pues uno de ‘vigneron’ o ‘blanc de blancs’», explica. Y siempre remata con «una copita de tinto».
Su plan ideal durante la Semana Grande pasa por descansar por la mañana, salir a tomar un aperitivo sobre las seis y media de la tarde y cenar en un buen restaurante del centro, evitando la masificación de la Parte Vieja. «Me iría prontito, que al día siguiente hay mucho trabajo», concluye, fiel a la realidad de quien vive la Semana Grande desde dentro del mostrador.
Fuente: Diario Vasco · Esta información ha sido elaborada por la redacción de El Puente Las Arenas con apoyo de herramientas editoriales automatizadas.



