El irundarra Jon Morillo ha completado este lunes uno de los retos más exigentes que puede afrontar un ciclista: el decaeveresting, consistente en repetir subidas a puertos de montaña hasta acumular el desnivel positivo del Everest —unos 3.484 metros— durante diez días consecutivos, cada jornada en una cota diferente. Poco antes de las 19.30 horas, Morillo cerraba su aventura en la subida a San Marcial ante más de 150 personas que le acompañaron en el tramo final.
«Ha sido muy emocionante llegar a San Marcial y ver el vídeo de toda mi gente hablando», afirmaba Morillo menos de una hora después de finalizar el reto, que se alargó hasta los 2.300 kilómetros totales. «¿Cansado? Bueno, con el subidón estoy bastante bien, luego me pegará bajón», reconocía el excilista y amante del ultratrail, todavía eufórico tras recibir el impulso del público.
Diez puertos vascos, un desafío al día
El reto arrancó el 8 de agosto y se desarrolló en diez puertos diferentes de Euskal Herria: Amezti, Urroz, Beartzun, Justiz, Jaizkibel, Aritxulegi, Agiña, Arkale, La Piedad y San Marcial. Cada jornada, Morillo acumulaba de media 230 kilómetros, que le llevaban entre 13 y 14 horas al día entre pedaleo, descansos y alimentación.
El plan inicial incluía madrugar a las 2.30 horas para desayunar con tiempo y arrancar a las 4 de la mañana, pero pronto vieron que llegaban a casa a las 20 horas y el descanso se reducía demasiado. «Decidimos apurar las horas de sueño y comer ya en movimiento», explica Morillo. El esfuerzo físico empezó a hacer mella en la mitad del recorrido: «El punto más complicado fue el sexto día, porque hasta el 5 estaba bastante fresco. Una vez pasé la mitad parecía que ya iba restando, pero el sexto día fue muy muy duro».
Un equipo familiar y voluntarios espontáneos
Para completar el decaeveresting, Morillo contó con el apoyo de su madre, que preparaba comida sólida en una furgoneta, y su padre, que le seguía en moto para acercarle los alimentos. Su biomecánico Gorka también fue clave en la gestión física del esfuerzo. «Ha venido mucho desconocido que ha querido apoyar el reto. Han sido parte de la familia, estando hasta 8 horas ahí día tras día andando en bici o simplemente apoyando», cuenta todavía emocionado.
Sin récord oficial, pero con orgullo propio
Morillo contactó con los Récord Guinness para plantear la posibilidad de certificar el reto, pero se encontró con dificultades. La organización exigía que el desnivel se acumulara en el mismo puerto, como había hecho un italiano previamente. «Me dijeron que tenía que ser en el mismo sitio y yo dije que no, que quería hacerlo aquí», explica Morillo. «No cuenta para el récord mundial porque no ha habido juez para verificar nada, pero a mí me vale igual», añade con orgullo.
El irundarra, que ha completado su primer reto de esta magnitud, ya piensa en los siguientes objetivos: «El ranking de everesting lo tengo ahí porque con estos diez me pongo bien y me gustaría estar arriba del todo, también me gustaría hacer un bikepacking duro… pero de momento voy a dejar que mis padres descansen y asimilen todo».
Según informa Diario Vasco, Morillo reconoce que «lo más duro ha sido mantenerme mentalmente preparado durante todo el año y soportar los diez días», un esfuerzo que ha cerrado con éxito ante su familia, amigos y decenas de aficionados que le han acompañado en la meta final de San Marcial.
Fuente: Diario Vasco · Esta información ha sido elaborada por la redacción de El Puente Las Arenas con apoyo de herramientas editoriales automatizadas.



