Una mujer de Legazpi abre su tienda de pinturas a los 60 años: «Estoy cumpliendo un sueño»

Rosa Mari Burcio acaba de cumplir 60 años y, lejos de planear su jubilación, ha inaugurado su propio negocio en Legazpi. Hace dos meses que esta vecina del municipio del Alto Urola abrió ‘Santa Cruz Margoak’, una tienda de pinturas e interiorismo en el barrio de Hegialde, materializando un proyecto que llevaba tiempo en mente.

Representación editorial de una tienda de pinturas y decoración con atmósfera acogedora
Ilustración generada con IA

«¿Pensar en la jubilación yo? Ahora mismo no, estoy empezando a cumplir un sueño», explica Burcio, quien describe su carácter con «espíritu, alegría y sangre extremeña». Su padre emigró de Jarandilla de la Vera (Cáceres) a Legazpi en 1966, el año en que ella nació, para trabajar en la fábrica Patricio Echeverría. Posteriormente trajo al resto de la familia. Rosa Mari, quinta de siete hermanos, llegó a su hogar en la localidad guipuzcoana con apenas dos años.

Una vida dedicada al trabajo desde la adolescencia

Los tiempos no permitían estudios prolongados y Burcio comenzó a trabajar como interna en una casa de Donostia poco antes de cumplir los 14 años. «Salí del colegio un viernes y el lunes ya estaba de interna», rememora. Ella y otras jóvenes de su entorno trabajaban toda la semana en la capital y regresaban a Legazpi los sábados tras la comida, para volver el lunes a las ocho de la mañana.

Al alcanzar la mayoría de edad, decidió abandonar el servicio interno y trabajó como empleada de hogar en Donostia, en hostelería y discotecas. A los 30 años regresó a Legazpi, donde formó parte de la brigada municipal y del servicio de atención a domicilio. También trabajó en la fábrica de chocolates Zahor de Oñati y, durante su última etapa laboral, realizaba limpiezas en empresas como Ulma.

La venta de una casa familiar que cambió el rumbo

El punto de inflexión llegó con la venta de una vivienda familiar en Jarandilla de la Vera. «La tienda de pinturas que hemos conocido toda la vida en Hegialde llevaba cuatro años cerrada y le dije a mi marido que, en mis últimos años, sería la mujer más feliz del mundo si con ese dinero obtenido de la casa tomara las riendas de esa tienda», relata.

Su marido es pintor y muralista, y ella siempre ha sentido atracción por la decoración y las manualidades. «Soy manitas y creativa, pero sobre todo, muy soviética cuando me propongo hacer una cosa, no me gusta quedarme sin haberlo intentado», señala. Ese intento se concretó el 24 de abril con la inauguración de ‘Santa Cruz Margoak’, para la que preparó grandes sartenes de migas extremeñas.

Una acogida que refuerza su apuesta

Desde la apertura, el negocio ha tenido buena respuesta entre la clientela local. «La gente me está apoyando mucho. Si me preguntan por algo que no tengo les contesto ‘yo te lo busco’. El cliente tiene la idea y yo la llave para lograrlo. Estoy muy contenta con la acogida», afirma Burcio, quien demuestra que emprender no tiene edad cuando existe determinación y un sueño por cumplir.

Fuente: Diario Vasco · Esta información ha sido elaborada por la redacción de El Puente Las Arenas con apoyo de herramientas editoriales automatizadas.

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